La Universidad se adapta al mercado laboral

Los centros educativos aún tienen el reto de superar la brecha que les separa de las necesidades de las empresas. Nuevas titulaciones, un mayor énfasis en las competencias y la apuesta por perfiles STEM están marcando la renovación del ámbito educativo.

La brecha entre lo que ofrece la Universidad y lo que demanda la empresa es el eterno debate. Ambos mundos ya no se pueden permitir el lujo de funcionar por separado y están condenados a entenderse. En esta relación, el mundo académico tiene varios retos que superar para fomentar la empleabilidad de los titulados: adaptar sus metodologías y ofrecer una formación que haga un mayor énfasis en las competencias; dotar a las ramas técnicas de un componente humanista, al mismo tiempo que en todas las carreras se debe enseñar el idioma del siglo XXI: el digital; y, por supuesto, formar profesionales en las áreas más demandadas por las compañías, las STEM (ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas).

En los últimos años han disminuido las matriculaciones en las carreras de ciencias y tecnologías

Las universidades españolas están entendiendo que la inserción laboral de los egresados es una cuestión a la que deben contribuir junto con los agentes sociales y empresas, impulsando diferentes iniciativas académicas. “Las expectativas son mejores en estudios relacionados con las nuevas tecnologías, ciencias de la salud y en general aquellas ramas que se corresponden con actividades emergentes, pero es bueno señalar que estamos formando jóvenes para el presente y el futuro y estamos ante una realidad cambiante en términos de oportunidades de empleo”, explica Segundo Píriz, presidente de CRUE Universidades Españolas.

Competencias

En este entorno en el que las exigencias del mercado laboral avanzan más rápido que el ámbito académico, las compañías están pidiendo a los jóvenes algo más que una titulación. Dar el salto al mundo empresarial no es fácil y uno de los primeros obstáculos, más allá de la situación propia de la economía, es el déficit de competencias que sufren los universitarios. “Además de los requisitos básicos, como la capacidad de trabajar en equipo o tener iniciativa, las empresas también buscan personas que muestren compromiso con la organización, sepan planificarse y cuenten con conocimientos en redes sociales”, comenta Lucila Finkel, delegada del rector para formación permanente, prácticas externas y empleabilidad de la Universidad Complutense de Madrid.

Precisamente, el II Ranking Universidad-Empresa, elaborado por la Fundación Everis, posiciona a la honestidad y el compromiso ético como la competencia más valorada por los empleadores, sobre todo, en las actividades sanitarias y sociales, seguidas por los sectores de hostelería y educación. Capacidad de aprendizaje y adaptación al cambio, trabajo en equipo, habilidades interpersonales y comunicación, análisis y resolución de problemas, orientación a resultados, conocimientos técnicos de la profesión y habilidad para trabajar en entornos multiculturales y multidisciplinares son las otras cualidades más preciadas.

Las carreras más técnicas también deben contar con un componente humanista

La adaptación de las competencias de los recién graduados a las necesidades de las organizaciones ha mejorado ligeramente en el último año, un dato positivo que se refleja sobre todo entre los titulados en las áreas de informática y TIC. Además, se trata de uno de los sectores que cada vez demanda más perfiles cualificados.

“Antes, el expediente académico jugaba un papel esencial para ser un candidato diez, pero ahora se demandan profesionales híbridos, es decir, que cuenten con conocimientos diferenciales y competencias transversales”, apunta Óscar Cubillo, director de expansión y desarrollo de Fundación Universidad-Empresa (FUE). Así, junto con la Universidad de Alcalá, FUE creó GAIA Program, master in professional development 4.0, dirigido a los recién titulados de cualquier carrera y a aquellos que están a punto de serlo. En él se combina la estancia en prácticas en empresas con un sistema de aprendizaje colaborativo. El alumno puede diseñar su propio itinerario y se imparten contenidos relacionados con las habilidades esenciales para el desarrollo profesional en las compañías, eficiencia y productividad o gestión de personas.

Otras entidades como la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) apuestan por crear talleres especializados en su ámbito de actuación. El curso Ética y valores en la ciencia e ingeniería es la propuesta de la UPM en la que se introducen conceptos como la innovación, creatividad, responsabilidad social y economía.

Además de tener en cuenta estas competencias que son indispensables desde el primer momento que el titulado pisa la oficina, no hay que pasar por alto el problema de la movilidad. A pesar de que España es uno de los países que más estudiantes envía a estudiar en el extranjero a través de la beca Erasmus, no demuestra un gran espíritu viajero cuando se trata de acceder a un empleo. El estudio de la fundación Everis pone de relieve que siete de cada diez graduados trabajan en la comunidad autónoma en la que estudiaron. “La escasa movilidad geográfica es un freno a la empleabilidad de los jóvenes. Destaca el caso de la Universidad de Girona, con el 100% de los titulados trabajando en empresas ubicadas en Cataluña”, comenta Eugenio Galdón, presidente de la Fundación Everis.

Salidas profesionales

En los últimos años no ha parado de aumentar la demanda por parte de las compañías de perfiles especializados en las áreas TIC y big data y, por extensión, los graduados en ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas están accediendo a más oportunidades. “Algo que se hace patente en las universidades por el número y la calidad de las ofertas de prácticas en empresas que recibimos para esas titulaciones”, admite Finkel.

Sin embargo, se da la paradoja de que estas áreas (las STEM) ofrecen más posibilidades de empleo, pero no consiguen atraer a nuevos estudiantes.

Un problema que exige una actuación inmediata, ya que “Lo que distingue a las sociedades más avanzadas es un tejido productivo que hace un uso intensivo del conocimiento, que son más innovadoras y utilizan más las tecnologías de nueva generación”, opina Píriz.

“En los últimos cinco años ha disminuido el número de matrículas. En términos absolutos contamos con 3.000 alumnos menos, aunque cabe decir que esto también se debe a que los estudios han pasado de ser de cinco a cuatro años”, reconoce Francisco Javier Martínez, vicerrector de comunicación institucional y promoción exterior de la UPM. Se trata de una realidad que también queda reflejada en el análisis de las carreras con más salidas profesionales, elaborado por Randstad, y que concluye que la demanda de profesionales STEM crece un 14% anualmente en España y Europa, pero sólo el 7% de los estudiantes está cursando esas titulaciones. Así se pone de manifiesto que “entre las carreras con mejores salidas destacan las ingenierías, entre las que Ingeniería Informática, Ingeniería de Telecomunicaciones e Ingeniería Industrial siguen contando con elevadas tasas de empleabilidad. Medicina, Farmacia y Biotecnología son las carreras con mejores oportunidades laborales en el área de Ciencias de la Salud. Cabe mencionar, además, otras carreras como Física o Matemáticas, donde la demanda de las compañías por este tipo de profesionales supera a la oferta de los mismos en el mercado laboral”.

Estos profesionales también deben hacer frente a las exigencias de las nuevas competencias, de manera que las carreras más técnicas tienen que estar acompañadas por un componente humanista. La Universidad Rey Juan Carlos fue una de las primeras en darse cuenta de ello y creó hace dos años el Grado en Ciencias, Gestión e Ingeniería de Servicios. En él se imparten materias orientadas a la empresa, economía y márketing, así como la ingeniería de servicios, matemáticas y recursos humanos, con el objetivo de aplicar todo ello a sectores tan diversos como turismo, IT, banca o seguridad.

Asimismo, las carreras más técnicas están encontrando en la implantación de iniciativas de emprendimiento una vía para fomentar estas competencias entre sus ingenieros. “La capacidad de resolver problemas o la innovación son aspectos que van de la mano de este tipo de carreras, pero para conseguir ese perfil mixto que hoy demandan las compañías hace falta algo más. A través de actividades de emprendimiento trabajamos para que los alumnos cuenten con una visión comercial, estratégica y de desarrollo de negocio”, apunta Martínez.

Por otra parte, fuera de las áreas STEM, otros sectores que destacan por el número de contrataciones de recién titulados son Administración y Dirección de Empresas y Derecho, como viene sucediendo desde hace años. Pero de la misma manera que las carreras STEM necesitan un perfil humanista, las de ciencias sociales deben impartir conocimientos digitales de forma transversal. En concreto, destaca la creciente necesidad de abogados que estén al día sobre los aspectos legales relacionados con el uso de las nuevas tecnologías. Por ello, algunas universidades están optando por impartir el máster habilitante en abogacía (necesario para ejercer la profesión) junto con una especialización en esta área y así facilitar el acceso al mercado laboral de sus alumnos, tal y como sucede con el Doble Máster en Acceso al Ejercicio de la Abogacía y Derecho de las Telecomunicaciones, Protección de datos, Audiovisual y Sociedad de la Información, de la Universidad Carlos III.

Panorama

En este escenario la universidad se encuentra con el reto de adaptar a toda velocidad sus estudios y metodologías. Sin embargo, la poca flexibilidad y los trámites de aprobación de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca) que deben pasar todos los nuevos estudios oficiales que se deseen crear, retrasan esta puesta a punto del mundo académico. “Para solucionarlo, y estrechar el gap que hay con el mercado los centros pueden crear títulos propios (no oficiales), ya que el diseño de los programas es más ágil. De hecho, podemos ver cómo muchas universidades están impartiendo másteres oficiales y los suyos propios del centro”, apunta Cubillo.

Pero esta brecha no sólo se debe abordar en el nivel universitario, ya que si se deja para esos momentos a veces es demasiado tarde. El ejemplo más claro es el de las especialidades STEM. “Es algo que hay que tratar desde las etapas escolares, ya que nos encontramos con que los estudiantes de bachillerato no conocen bien toda la oferta que hay y sólo se fijan en la nota de corte para decidir qué estudiar”, argumenta Martínez. Iniciativas como Talleres de vocaciones tecnológicas de la UPM y FUE o Con talento desde el bachillerato de la UCM se llevan a cabo en centros de secundaria para despertar el interés por los estudios técnicos y dar a conocer las aplicaciones que pueden tener en el mundo de la empresa.

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